viernes, 14 de diciembre de 2012

Laberinto de caminos

Nos da miedo salirnos del camino pautado por si aquel nuevo que escogemos no es tan bueno conocido como el que estábamos acostumbrados a andar. Y por si la gente junto a la que compartíamos la trayectoria decide seguir por su camino sin acompañarnos.

A veces tenemos miedo de ser quién realmente queremos ser. Simplemente nos dejamos llevar por la corriente diaria en el devenir del tiempo y no hacemos más que lo que debemos según lo que se espera de nosotros. Y, ¿qué hay de lo que queremos? ¿Por qué no intentamos perseguirlo si de verdad nos hace felices?.

Y, puede que no siempre hayamos escogido la dirección adecuada, pero puede que sí nos demos cuenta de quién estaba con nosotros para ayudarnos a reorientarnos cuando estábamos perdidos.



                                           Foto: Gema Fernández

              

                                                                                                G. Ferestradé                                                       

Siguiéndote a tí mismo

Y puede que al fin y al cabo no estemos hechos para los cambios. Preferimos creer que una vida sin ellos es mucho mejor que tener que sufrir inevitables momentos de sorpresa, de duda, de decisiones importantes que cambien el rumbo de nuestro futuro.
Sin embargo, puede que sea la mejor forma de darse cuenta de que tenemos el poder y la responsabilidad de decidir aquello que más creemos que nos conviene, y asumir sus posteriores consecuencias. Puede que nos equivoquemos o puede que sea lo más correcto. Pero siempre arriesgando hasta el final, intentando, de entre todos los caminos posibles, escoger el que consideres que te hará más feliz.

             
                                                                                                                     G. Ferestradé

Colores complementarios

Deprisa. Corríamos como gacelas ahuyentando el viento, persiguiendo sueños, creyéndonos los reyes del mundo. Vivíamos al límite de lo inesperado, recorríamos senderos escarpados y rutas intransitables. Éramos invencibles.

Afinabas tu garganta, fiel a tu estilo y me pedías que gritara contigo. Un grito de guerra, desde lo alto de aquella cima inaccesible que juntos coronamos. Un eco de vida que aún resuena en mis entrañas.

No teníamos rumbo, no buscábamos el futuro. Éramos presente robando momentos para adornar nuestras sonrisas. Tú conmigo y yo contigo. Colores complementarios en un lienzo inacabado de pasiones.



                                          Foto: Gema Fernández

                                                                                                                     G. Ferestradé

viernes, 7 de diciembre de 2012

¡Corre y vive!

Entre tú y yo, déjame decirte que a veces se pueden correr riesgos y no por ello caerse y romperse las piernas. Te revelaré un secreto: es un ejercicio diario para fortalecer la sonrisa y las ganas de vivir. 

No te garantizo que será fácil andar con la cabeza bien alta y no tropezar en el camino. Es más, sé que te faltará el aire en determinadas ocasiones y que sentirás flaquear tus rodillas cuando te entrenes a fondo, pero te aseguro que merecerá la pena practicar una y otra vez hasta caer rendido. Cuando consigas hacer de tu vida una carrera emocionante, habrás logrado acompasar el ritmo de tu respiración con el de tu corazón y entonces estarás preparado para luchar. 

Hazme caso, no tengas miedo de las piedras. Sáltalas, nunca las arrastres. Y, sobre todo, confía en que tienes la fuerza necesaria para recorrer los kilómetros que haga falta. 

Y, lo más importante, nunca mires abajo. 

No pierdas más el tiempo, ¿a qué esperas? ¡Corre y vive!



                                                                                                                           G.Ferestradé

 


martes, 4 de diciembre de 2012

Equilibrio inestable

Bajó la mirada y arrugó la frente. Estaba preciosa. Solía pensarlo a menudo pero nunca se lo había dicho. Seguro que se enfadaba más si lo hacía en ese preciso momento. A lo lejos sonaba una canción, la melodía de su recuerdo, de una foto en un rincón, de una carta doblada demasiadas veces, de un vaso medio vacío.

Estiró su brazo para alcanzar su voz, para tocar su desnudez, para atraer aquel instante congelado. No había ni rastro. Solo el eco de un silencio roto, un cristal resbaladizo bajo sus pies sobre el que apenas podía mantenerse en equilibrio. Le costaba ponerse en pie. Pero ¿quién dijo que el equilibrio fuese bueno?A veces hay que perder la estabilidad para encontrar un nuevo sustento al que aferrarse.

Y en aquel vaivén, la vió. Sin duda, estaba preciosa una vez más.

                                                                                                 G. Ferestradé

sábado, 1 de diciembre de 2012

Revolviendo el mundo

Vamos a volvernos locos, a perdernos en el laberinto de la seducción. Atrápame, desnudame, quítame el aliento. Y, después, no dejes de buscarme. Bésame sin preguntar, arrastrame hacia tí y atrévete a sentir.

Invítame de nuevo a jugar en tu vida, a reírnos sin mentiras, a buscar nuestro rincón.

Vamos a equivocarnos juntos y a tropezar de la mano. No dejes que nadie nos diga la diana en la que tenemos que acertar. No existen aciertos sin errores. No hay éxitos sin mediocridades.

Vamos a soñar despiertos, a correr de nuevo riesgos, a vivir sin medir el tiempo.

                                                                                                  G.Ferestradé

Promesas

En la penumbra solitaria de aquella cama desierta, había vuelto a desear aquella sonrisa de niña tímida e inocente que despejaba cualquier duda. Hubiera dado lo que fuera por retener entre sus manos aquellos mofletes incandescentes de pasión que siempre se comía a besos, que nunca dejaba de morder. Añoraba perderse entre aquellos mechones de pelo y acariciarlos cuando apoyaba su cabeza en su pecho.

Anhelaba aquellos labios que se llenaban de susurros incesantes cada vez que la besaba. Cuando la desnudaba lentamente, la veía convertirse en mujer, una mujer apasionada que le hacía volar a un nuevo mundo. Se habían prometido el cielo y la tierra, amor eterno en vida y más allá de ella, habían puesto nombre a un futuro juntos y en las divagaciones de lo que serían, se perdieron en el presente de lo que eran. Promesas que nunca llegaron, que se disiparon en la niebla de la incertidumbre.

                                                                                                  G.Ferestradé