miércoles, 25 de septiembre de 2013

El vértigo de lo diferente


­­Dicen que a veces hay que cerrar los ojos y no pensar demasiado. Escuchar más el ritmo de tus latidos y descubrir con qué se aceleran. Encontrar tu pasión. Dicen que a veces es sano tomar asi algunas decisiones importantes en la vida. Algunas que cambian el rumbo de tu destino. Cuántas veces hemos soñado con hacer la maleta, echarnos la valentía a la espalda y deshacer la rutina. Coger el primer tren sin tener en cuenta el destino. Subirse y dejarse llevar sin preocuparse de donde parará. Cuántas veces hemos deseado por un momento, construir otra vida en otro lugar, empezar de cero. Respirar otro aire, compartir otras miradas, recorrer otro camino y encontrarse a uno mismo al final de él. Empezar un viaje que sabes donde comienza pero nunca donde acabará. Da vértigo pensarlo, pero es mejor no mirar abajo y saltar. Asi es como descubrí que las mejores cosas suceden cuando te construyes tus propias alas en lugar de esperar a que aparezcan de la nada, porque nada aparece si no se pone el empeño suficiente en construirlo. Pero hay que ser paciente y saber esperar, todo llega a su tiempo. No abandones en el primer intento, porque los pilares más sólidos tardan en cimentarse.

No siempre es fácil buscar un nuevo comienzo y no siempre se tiene éxito encontrándolo pero merece la pena intentarlo. Merece la pena salir ahí fuera, conocer y darse a conocer. Compartir ideas, intercambiar opiniones, abrir tu mente y darse cuenta de que tu forma de ver las cosas no es la única y verdadera y de lo mucho que podemos aprender de los demás.
Y solo cuando has visto cosas diferentes, puedes pensar diferente.                                                                                                                 
                                                                                           
                                                                                           G.Ferestradé


sábado, 29 de junio de 2013

Hoy me toca a mi

Después de un tiempo vagabundeando por nuestra vida, a veces necesitamos enfrascarnos en otras historias que nos hagan recordar que nuestro tiempo vale la pena y que nuestra historia también merece ser escuchada. Que estamos vivos. Que los días aburridos pueden convertirse en grandes días y que cada minuto cuenta. Que tenemos que bailar aunque los demás nos miren con cara de extrañados, porque eso significa que ellos también querrían hacerlo pero no se atreven.

El otro día me di cuenta de lo bonito que puede llegar a ser un baile, uno de los mejores que he visto en mi vida. El baile de la improvisación. Nada de profesionalidad, ni ensayos previos. Solo dos personas que querían demostrar al mundo lo felices que eran juntas. No había más que mirar la sonrisa de sus ojos. Sin pensárselo dos veces, se pusieron a bailar por todo el andén mientras los demás les mirábamos embelesados. Todos con las mismas ganas de poder compartir una escena así con alguien a quien queremos. Con las mismas ganas de reírnos del mundo y decir: "Hoy me toca a mi". Me pareció una actitud envidiable ante la vida. Bailar en lugar de quejarse porque el metro tarda mucho en llegar. Porque mientras estás ahí plantado en el andén, pensando en porque no fuiste andando o te cogiste un autobús, los minutos siguen pasando. Nunca se me había hecho tan amena la espera y en ese mismo instante, me di cuenta que mientras yo esperaba, otros preferían vivir.

Y esa escena me llevó a querer seguir conociendo historias ajenas que me enseñasen que el tiempo no es eterno y que la palabra "aburrimiento" debería estar prohibida. Me enfrasqué de nuevo en esas largas noches de páginas y páginas de historias, una costumbre que había perdido hacía meses y que tanto echaba de menos. Creo que he recuperado esa parte de mi, que me ha devuelto en ocasiones la sonrisa y en ocasiones las lágrimas. Pero qué mejor que llorar por un buen libro, una buena historia que has hecho parte de tí y que te ha llegado muy dentro. Una enseñanza que llevas contigo para el resto de tu vida, guardada en el bolsillo, a mano, para practicarla en cualquier momento.Y el último de ellos, como su propio título indica, me ha enseñado que los besos no se gastan, que un día sin demostrarle a alguien que le quieres es un día perdido. Cuántas cosas dejamos en la lista de espera para hacerlas otro día. Otro día que estemos más preparados, otro día que tengamos más valentía. Pero ese día nunca llega sino nos decidimos en el momento. No me gustan las listas de espera, creo que a nadie, asi que ¿Por qué poner nuestra vida en una lista de espera? Hoy también nos toca a nosotros.
                                                                                                                                           
                                                                                          G. Ferestradé
                                                                                                   

domingo, 16 de junio de 2013

Tiempo al tiempo

El tiempo es el sabio más viejo del mundo. Es el dueño del pasado y el creador del futuro. No regala falsas esperanzas y siempre cumple su promesa: pasa de largo y arrasa con todo lo que haya quedado a medias por el camino. Sabe lo que quiere, avanza sin sentir lástima por nada ni nadie. No tiene escrúpulos. No se deja detener, no es flexible. Y esa forma incesante de seguir adelante debería ser un ejemplo para cada uno de nosotros. Seguir mirando hacia el frente porque si nos damos mucho la vuelta corremos el riesgo de tropezar y caernos. 
Siempre el tiempo. El mejor reparador que existe. No se deja ver, pero sentimos su presencia en todo momento. Porque él crea la memoria, los recuerdos, los momentos y sólo tú tienes el poder de vivirlos o dejarlos pasar de largo.

No puedes pararlo pero sí decidir qué quieres hacer con él y cómo aprovecharlo. Eso sí, debes alcanzar su ritmo y avanzar a su lado. No te quedes atrás enredado en falsas ilusiones, pretendiendo que nuevas oportunidades vengan a buscarte. Sal al encuentro de nuevos momentos y aprovecha cada sensación que te brinden porque duran lo que dura un parpadeo. Cuando abras los ojos ya habrán pasado de largo.

Improvisa, no lo tengas todo planeado porque la vida es impredecible. No te adelantes al tiempo creando situaciones que no han llegado y no lo desperdicies desaprovechando situaciones que están sucediendo. Vive tu momento y dale siempre al tiempo la razón y sino tiempo al tiempo.

                                                                                                                                            G.Ferestradé

miércoles, 1 de mayo de 2013

Despidiendo finales

Me dijeron que disfrutara cada minuto que me regalara la vida porque el tiempo no tiene escrúpulos y nunca retrocede para permitirte vivir algo de nuevo. Cada momento es único y no pasa dos veces por el mismo camino. Me aconsejaron que fuera yo misma y que no tuviera miedo de sentir como yo lo hago. Que el sentir tiene un riesgo pero que merece la pena correrlo. Que me dejara llevar un poco más y que no me arrepintiera de nada de lo que hiciera porque todo tiene un porqué. Que todo sucede por alguna razón aunque no apreciemos cuál. Que nunca abandonara mi afán de perseguir sueños porque ellos me daban la constancia necesaria para ir consiguiendo, para ir llegando. Que no tuviera miedo a los finales porque me enseñarían que he sido capaz de terminar aquello que empecé o simplemente me enseñarían que las cosas no son eternas y que debía disfrutarlas desde su comienzo para no perderme nada por el camino. Que las trayectorias no siempre son rectas, que las rectas son aburridas y que las curvas dan emoción y adrenalina. Y que las emociones fuertes a veces son necesarias para no dormirnos en el viaje. Me recordaron que conocería a personas de todo tipo y que sus prioridades podian ser diferentes a las mías. Que podían ponerme la última en la lista de alguien que yo tenía en primer lugar. Que somos vulnerables y sufrimos vaivenes. Que la constancia no es nuestro fuerte. Que el amor llega despacio y se va tan rápido que nunca es suficiente, pero que no dejara de amar si quería hacerme grande y crecer.
Ahora que he llegado a uno de los muchos finales que aún me quedan por vivir, miro atrás y sonrío. Me gusta lo que recuerdo. Las cosas que he vivido. Las personas a las que he conocido. Cuantos días habré estado esperando que esto se termine y, sin embargo, ahora que lo veo tan cerca, me quedaría aferrada a tantos momentos que no sabria cuál elegir. He disfrutado, he soñado, he amado y estoy a punto de terminar aquello que hace cinco años empecé. Y, a pesar de todo, me quedo con este último, que me ha enseñado a conocer esa parte valiente de mí misma. Me ha hecho ver que el esfuerzo nunca es en vano. Que si quieres conseguir algo, debes intentarlo primero y no quedarte solo en el deseo,porque así es como empiezan los grandes retos, las grandes vivencias, los grandes comienzos. Me ha dado algún que otro revés, algún que otro obstáculo, pero que desde el ángulo y enfoque correctos se aprecian como colisiones con las que aprendemos a enfrentarnos a situaciones que nos dan perspectiva y nos ayudan a distinguir mejor que queremos de la vida. 
Parece que esto se acaba y no hay marcha atrás. Ha sido un placer haberte vivido y haberte sufrido. Gracias a todos los compañeros que han compartido algún retazo de estos años o gran parte de ellos. Compañeros de clase y de fuera de ella.Compañeros de viaje que me han ayudado a seguir adelante y no rendirme. A todos aquellos que han pasado por mi vida en estos años, esteis o no cerca mio. Porque gracias a vosotros estoy llegando al final.
                                                                                                                         G. Ferestradé

miércoles, 24 de abril de 2013

Creando magia

Dicen que hay que estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Y que entonces, sin saber porqué, ocurre. Lo mejor es que tú no sabes que estás en el lugar y situación perfectos para que pase y te pilla desprevenido. Simplemente ocurre. A veces, es cuestión de suerte. Otras, de no tenerle miedo a lo que está por venir. En la mayoría de los casos, es una mezcla de las dos cosas. Y lo que nunca puede faltar: el factor sorpresa, que da el toque de emoción necesario para que todos los momentos de esta vida sean mágicos.Porque si fueramos conscientes de todo lo que nos va a pasar desde que comenzamos nuestra historia, no experimentaríamos muchas de las sensaciones que nos hacen valorar que estamos vivos, que esto es real y que merece la pena luchar por mantenerse en lo alto hasta el final. Abrir los ojos cada día y hacer cómplice a la felicidad de nuestra existencia.

                                                                                                                       G. Ferestradé


domingo, 7 de abril de 2013

Aires de fortaleza

Salir ahí fuera y enfrentarse no es siempre fácil. Estamos demasiado expuestos a agresiones externas y no contentos con eso a veces nos empeñamos en agredirnos a nosotros mismos por dentro.Nos gusta ponernos las cosas más complicadas de lo que son y lo peor es que pensamos que los obstáculos nos los están poniendo los demás que no nos dejan avanzar.
Nos da verguenza reconocer que hemos perdido el rumbo, que necesitamos ayuda porque tenemos miedo y no sabemos cuál es el siguiente paso. No somos superhéroes y no tenemos una fuerza infinita. Podemos pedir prestado unas cuantas sonrisas, algún que otro abrazo, un poco de norte y una mano amiga que te agarre cuando vengan turbulencias. A veces te sorprenderá que estos préstamos se convierten en verdaderos regalos. Y, son mucho mejores que cualquier otro. No solo no se devuelven sino que se quedan contigo de por vida.
Mostrar la debilidad y la flaqueza en ciertos momentos no es de débiles sino de valientes. Y cuando eres capaz de ver de nuevo, recuperas con doble intensidad todas tus capacidades y estás plenamente dipuesto a salir ahí fuera a comerte el mundo.
Devorar dificultades, abarcar todo tipo de posibilidades con nuestro par de brazos y respirar aire de nuevas metas son las mejores sensaciones del mundo. 
Qué plenitud.
                                                                                                G. Ferestradé


                                                                                                                 


Curvas

Solía pensar que había cosas que nunca cambiarían, que permanecerían ahí para siempre, conmigo. Incondicionales. Pero la naturaleza de nuestro mundo es cambiante. Idas y venidas. Las cosas cambian, las personas cambian, las ideas evolucionan. Y supongo que no es malo, pero cuesta asumir que nunca tendremos la seguridad de algo seguro. Qué paradoja, pero qué emocionante. Sin embargo, entre tantos desatinos creo que estaba cerca de llegar al final. La gran meta. Había sido un año complicado, un camino tortuoso. Demasiadas curvas, para mi gusto. Sin embargo, una gran canción sonaba en mi cabeza: "Nada es eterno, todo llega a su fin". Y, para bien o para mal, todo acaba para dar comienza a una nueva etapa, una nueva historia. Ir cerrando puertas para poder abrir otras. ¿Quién dijo miedo?Lo desconocido también puede ser fascinante.



                                                                                                                            G.Ferestradé